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Con este sistema de paneles prefabricados se pueden obtener infinidad de fachadas óptimas por la gran cantidad de posibilidades factibles que ofrece cada una de sus variables. La más conocida es la plasticidad del hormigón que, mediante el moldeo, permite formas y texturas diferentes. O la gran cantidad de acabados posibles que pueden obtenerse utilizando diferentes cementos, áridos y aditivos. Del mismo modo, la capacidad de la prefabricación de repetir una misma pieza diversas veces, a partir de un mismo molde, hace que piezas sofisticadas y complejas puedan resultar rentables.
Esta flexibilidad fomenta el diseño óptimo de la fachada, que conlleva tener en cuenta diversos aspectos como la fabricación, el montaje, los acabados, la seguridad o el respeto al medio ambiente. Conseguir optimizar cada uno de ellos implica una mayor eficiencia en la gestión de los recursos económicos. Para ello se requiere que el trabajo del prefabricador y del arquitecto se desarrollen conjuntamente y que éste conozca las características propias y diferenciales del sistema constructivo.
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